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"Todos somos libres de expresar nuestras ideas, pero no todas las ideas son dignas de escucharse." Quizá sea una frase radical, pero el objetivo de esto es que las ideas de verdad importantes sean escuchadas, o en este caso, leídas.
-Alejandro Millán.

Somos capaces de alcanzar el entendimiento gracias al uso de la razón y el análisis crítico, las palabras son nuestra mejor arma en un mundo donde la censura representa nuestra opresión; "La verdad nos hará libres".
-Héctor Gil

domingo, 30 de noviembre de 2014

La subjetividad de la revolución.

Todos tenemos una noción más o menos concreta de lo que significa una “revolución”, hablando físicamente. Si tenemos una rueda que da una vuelta, esta completa una revolución cuando un punto dado regresa a su posición relativa dentro del sistema. 

Ahora, según Marx, una revolución (a nivel social) es el producto inevitable de la constante lucha de clases, cuando el proletariado (en general todas las clases bajas) deciden revelarse contra la burguesía y tomar el control de lo que antes les pertenecía: El gobierno y la economía.

Sin embargo, si revisamos una por una todas las revoluciones que han existido a lo largo de la historia notaremos que son profundamente distintas en cuento a motivaciones y resultados, pero conservan como común denominador el mencionado factor de ‘revolución física’, es decir, el sistema da una vuelta hasta encontrarse en la misma posición pero en otro lugar. Se podría establecer una analogía con un juego de mesa en el que cada persona tiene un rol distinto, diferenciado por un color de ficha. Al haber una revolución los jugadores cambian de fichas, pero siguen jugando el mismo juego.

¡Es cierto que no todos los movimientos sociales aplican a la analogía! Pero tristemente el ejemplo que tenemos más cercano, si lo cumple. La revolución mexicana tuvo un producto final en el cambio político del régimen de gobierno, y ese producto de llama: “PRI”. (Use criterio el lector).

Ahora bien, si bien es cuestionable la idea de que una revolución haga que las cosas lleguen a la misma posición, lo cierto es que es la única manera que tiene una rueda para avanzar. Y eso ha pasado en los movimientos históricos. Con esto pretendo decir que esto no es una crítica desmoralizadora para toda la banda izquierdista revolucionaria, tampoco quiere decir que el gobierno me pago para escribir en contra de la revolución. Es más ¡Tomemos las armas ahora mismo! Pero sepamos que lo que necesitamos no es una revolución más como esas que encontramos en los libros de historia, porque no funcionará.

Poco tiempo antes de la memorable (lol, yo no estuve presente) revolución francesa, existió un evento donde se le comentaba a la Reina María Antonieta:
-Su Majestad, el pueblo tiene hambre.
-¿Por qué tiene hambre el pueblo?
-Porque no tiene dinero para comprar comida
-¿No pueden comprar comida? ¡Pues qué coman pasteles!

La indignación el pueblo ante la indolencia de la clase política fue, en parte, lo que hizo estallar el movimiento armado.


En nuestros días es similar, la clase política y empresarial se ríe de nuestra desgracia y usa nuestras vidas como un producto. Y habremos gente indignada, y sin embargo es una situación que se ha mantenido por más de cincuenta años y no ha habido tal como una revolución. Y esto es porque los patrones no se repiten siempre. A los franceses las armas de fuego y las espadas les sirvieron para ‘su' problema y consiguieron ‘sus’ resultados. Nos compete a nosotros saber qué usaremos para resolver ‘nuestros’ problemas y conseguir ‘nuestros’ resultados.

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